Trabajar con las emociones de los niños

A muchos adultos les resulta difícil identificar las emociones y, sobre todo, gestionarlas. Es muy gratificante comprenderlas y trabajarlas para tener una vida emocionalmente sana y feliz. Saber cómo aceptar tus emociones -si no te enseñaron a hacerlo de niño- será mucho más difícil de adulto. Comprender lo que sentimos es muy importante para poder gestionarlo y no caer en la exageración.

Por suerte, hay muchos juegos y actividades que pueden ayudarnos en nuestra rutina diaria.

Intenta que tus hijos etiqueten las emociones que sienten para ayudarles a entenderlas. ¿Se ha cancelado esa excursión escolar que tanto les ilusionaba? ¿Cómo se sienten ahora? ¿Frustrados, tristes, decepcionados? ¿Qué podemos hacer para que se sientan mejor?

Explica las emociones en los cuentos: mientras lees cuentos a tus hijos puedes intentar que imaginen cómo se sienten los personajes de la historia. ¿Por qué crees que se sienten así? ¿Pueden poner una cara que muestre ese sentimiento?

Compartir el día: durante la cena preguntaros en qué situación del día nos hemos sentido felices, enfadados, decepcionados, contentos.... Es una rutina diaria que nos hace compartir momentos y entendernos. También es interesante compartir los momentos en los que nos hemos sentido igual para entender que sentirnos tristes o decepcionados nos pasa a todos.

Recoge momentos bonitos. En un tarro de cristal, llénalo con los momentos en los que nos hemos sentido felices y una vez al año (por ejemplo, como ritual de fin de año) ábrelo y lee los momentos en los que nos hemos sentido tan bien. De esta forma somos conscientes de que las emociones van y vienen y que lo importante es cómo las vivimos.

Debemos ser los primeros en compartir nuestras emociones. No importa que vean que como adultos no siempre estamos bien. Que sepan que las emociones se pueden sentir, compartir y tratar de trabajarlas. Que sepan que las emociones están vinculadas a cómo vemos la realidad en ese momento y a cómo reaccionamos ante determinados acontecimientos. Que no siempre es culpa de nadie, sino de cómo hemos reaccionado y cómo nos ha afectado. Y que nada es malo.

No hay emociones positivas y negativas. Tenemos que ser capaces de estar tristes y enfadados, y no hay que etiquetarlo como una emoción mala. Debemos aceptar que nos sentimos así y saber que esta emoción también pasará, que es sólo momentánea. ¿Qué podemos hacer para sentirnos mejor porque sentirnos así nos hace daño?

Comprender a la otra persona. Muchas veces, la gente se enfada por la forma en que reaccionamos ante un acontecimiento, una frase o una acción de otra persona. Una actividad interesante sería intentar empatizar con la otra persona para comprenderla. Intentar mirar desde otra perspectiva y darse cuenta de que no es un ataque personal. No juzguemos a nadie, y menos a nosotros mismos.

Relajación y atención plena. A menudo, si nuestro hijo está sufriendo una crisis emocional, los padres pueden sufrir una aún más fuerte y la situación empeorará drásticamente. Cuando nuestro hijo está sintiendo una emoción desbordante a niveles de ira o frustración, es importante reunirse con él e intentar que respire profundamente. Relájate, inspira, espira y deja que la emoción se vaya. Juntos. Los cuentos de Soul Mates Mindfulness pueden ayudarnos en esta tarea conjunta.